Qué diría mi bandera plantada
en el monte de la imprudencia
que tan sólo extrañar su mirada
se vuelve en mí una gran dolencia.
Qué tragica y dulce se muestra la vida,
la verdadera poesía del universo,
siendo como de Dios escogida,
la mujer como un dulce verso.
Ignoro la misión mía,
en este mundo consumido,
mas tonto sigo todavía,
esperanzado en uno nuevo cada día.
Pueda que sea un tonto poeta,
o tal vez un triste trovador,
que se defiende con su pluma como saeta,
y sigue creyendo en el amor.
Aunque pienses que la vida,
no podría ser mejor,
siempre hay alguien que recuerda,
a Jesucristo salvador.
Septiembre 2002
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