Existen formas de expresar un deseo, un sentimiento, un palpitar rugiente silencioso al oído humano, sutilmente o con gracia majestuosa, despliegue de gestos o caricias, pero nunca sin sinceridad o con destellos de hipocresía.
La impotencia me hizo estremecer, ni lo había pensado, puedo crear una solución al respecto con este afecto que es invadido en mi ser; parece ser simplemente una emoción casual, no pretendía cultivarla, pero se posó dentro de mí, sosteniéndose fuertemente de mi frágil sencillez, creí que crecería, que al fin su libertad me alegraría, que en lo hondo de mi corazón un impulso brotaría e irrigaría los contornos vacíos de una franqueza esperanzadora para relucir en la oscuridad. Cuan inocentemente sólo queda allí, y mi momento se tornó una eternidad, varias veces encontré el mismo llanto, porque duele perder algo que zozobró ante un flaqueo, no estaba listo porque no se fortificó.
Sin entender paso alguno, se regresa al mismo lugar, sabiendo que es inútil, porque los cuadros que aparecen son animaciones ilusorias que emergen de la magia del pasado, sin tener poder alguno sobre el mundo.
Da miedo avanzar, al no divisar mas que una barrera tan extraña, que no te cierra el camino sino que te bloquea el paso, tan dura como los días tan delicada como el firmamento. Perturbadora suele ser la melodía que acoge mi latir, como esencia, como algo legítimo dentro de mis dudas, interpretando continuamente mis propios senderos.
No reflejo una noción partidaria de cualquier suceso, ni garantizo inspiración creadora, sé que hay algo más que se mantiene oculto, mi fuente de vida como lo conozco, no consigo percibir su presencia, sin embargo no huye, al menos no de mí, sólo siento su estado inanimado, sin dificultad en admirar lo que hay sin existir, mi ingenuidad lo advierte sin haber sido creado, repitiendo la misma frustración como coger un pedazo de cielo para conseguir un milagro.
2000
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