lunes, 20 de octubre de 2008

Pequeñeces V

No hay quien llore por mí, intensamente me arrojo al río que ni una lágrima pudo contener.

Sólo mi odio se conserva ardiendo conmigo, inescrutablemente la llama viva se extinguió al morir la mecha.

Me encuentro volando cerca del aliento seco, suavemente la brisa cambió para expandirse por toda la pampa solitaria.

Encarcelado por este territorio que sólo de polvo se va sepultando, irremediablemente mi suelo se va conjurando al pisar el eco danzante siendo mi comparsa.

Recoleto en el orbe soy, pero el renacimiento del fuego se ventilará con las aguas para ser lapidado y escondido.

1998

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