lunes, 26 de octubre de 2009

Idílicos - Confusión

Las interrogantes siempre se presentarán, no es lo mismo el ayer como el hoy. Esta es una verdad, que la incredulidad humana no percibe porque el sentido trivial no lo exalta más que un despertar glorioso. Parece un sin sentido, por lo cual estamos preparados a vivir, ya que no influye en nuestros pensamientos ni lo hace con premeditación. Por eso lo extraño organiza a las personas, las convence de su propio potencial, austero y especial, o las dirige en una nueva dirección, conforme al caos.
Y es que cómo se puede vivir en el futuro, si este todavía no existe; lo contrario también se cumple, y este antagonismo discierne nuestra arrogancia, que por cierto aún cree ser invulnerable. No es lógico pensar que solamente la felicidad te permitirá vivir y crecer, sino se fundamenta en el trabajo, que desarrolla continuamente lo ya antes mencionado. ¿Qué debería ser primero?
Buscar la verdad o llegar a conocer nuestro destino, como sino supiéramos que ambos cruzarán el mismo camino. Porque se conoce el pasado, se plantea el futuro, en forma inherente al afecto humano, ya que produce un crecimiento anárquico en nuestra libertad, o acaso vendría a ser el fraudulento hallazgo de la equidad humana. El misterio de no encontrar nuestra realidad, sólo nos recuerda nuestra naturaleza, pero no nos satisface y por eso seguimos sin saber a ciencia cierta si esto es simplemente nuestro rol, que cumplimos desde hace mucho tiempo. Mas aun para lo que nos obstina a expandirnos, son los propios testimonios ajenos, que aseguran más interrogantes, sin decirnos que crecen más o que tal vez vuelven a comenzar. La implicación requiere un riesgo tomado por decisión que ha de ser menester si se pretende seguir a la colectividad, llamada sociedad. Una explicación nos aleja pudiendo extraer nuevas ideas, lo cual es un simple cambio de permanecer en nosotros, cada uno de los mismos.
El lazo que nos une a veces no se entiende, y vaga rondante sin indiferencia a la susceptibilidad humana, pues parte de toda lógica o razón y llega profundamente al sentimiento sin fundamento que lo sostenga, mas eso depende del encanto que lo envuelve, y sólo es pernicioso cuando se enfrenta a la ironía por estar a la altura de la irrealidad, no pretende ser cruel, pero provoca llagas con su roce y ardor no su pasar.
Un sendero más florece, como la fogata, centro social y simbólico, carácter de inocencia por inocencia, merece ser admirada, porque la objetividad es más compleja de lo que es el mismo ser humano, ente cronológico y duradero, sin serlo ni saberlo, se adapta al momento porque ya lo conocía sin haberlo vivido.
Y toda manifestación física es consecuencia de su combinación, porque sin reacción no hay combustión, sin destrucción no hay creación, esas coincidencias tan sublimes como nuestra mentalidad sugieren que las aguas sean canalizadas por el beneficio y no por el perjuicio, a pesar de tantos contrastes estamos sólo en uno de ellos y su magnificencia lo demuestra, pero bien sabemos que una perfección tiene que derivarse de lo que nos permite vivir y como dirían quienes resuelven los mismos enigmas con diferentes resultados, ahí erradica la sapiencia humana, que la felicidad adjunta con el mismo espíritu, así abarcaríamos todas las posibilidades recaen en algo tan real como nuestra fe, y la incertidumbre seguirá como un palpar, esperando a secas el golpe en aguas turbulentas. Y varias respuestas se han hallado gracias a la sabiduría humana, que le permite ver la realidad, donde la manifestación es auténtica y simbólica si parte del corazón.

1999

No hay comentarios: