En mi inconsciencia un largo puente se edificó mucho más alto que el temor de los penitentes, más alto que la resignación de los desahuciados, más alto que mi egoísmo, y me conducía por encima de las flamantes esferas luminosas donde la figura humana centellea su agonía sin tener que aguardar por la muerte, estando juntos ellos y yo, pude admirar su mutua alegría, y que sonreían a mi costado especulando que también desfallecería en una cápsula de dolor, pero yo no bajé de mi puente, proseguí mi camino captando un gemido jadeante y estruendoso, aquella resonancia ablandaba mi corazón y me jaló hasta el borde donde un brinco no estaba más apartado que los orates de la imaginación, un canto sin voz bailaba en mi presencia mas no me veía allí. Adentrándome al fondo del extenso puente sentí un frío helado que provenía de un soplo amargado y dulce, los colores tomaron forma y la irregularidad se apoderó de mi confusión. Algo más fuerte que mi curiosidad apagó el sufrir y aclaró el firmamento, venía hacia mí una lámina azul sin alma ni cuerpo, pero un amor único se fijó en mi careta que rompió la represa de la felicidad. Lo busqué sin contar con que mi arrogancia se bañaría de sencillez y el cambio me hizo quedar fuera de mí, donde otros viajeros y caza-esencias lograron llegar.
1998
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