Despojado de ese martirio, demostró que la fuerza no está en el rostro más fiero, su perfil inocente marcaba una frialdad absoluta, en sus ojos un signo de venganza se empotraba más y más en su ser buscando incrementarse sin estallar.
Un corte sencillo y profundo ensalzaba su vanidad, extraída por la soberbia fortificada con lienzos de papel y un reflejo apartado que le huye.
No toleró su sonrisa, aquella que hace palidecer por oír hablar a su conciencia; santo o demonio caiga, construye un panal de ilusiones engendradas.
Observando la luz entre las tinieblas, un ruido lo condujo a permanecer silencioso, tanto como cuando el papel se consume por el fuego, de pronto, su totalidad se tornó oscurecida gracias a un débil centelleo que no pudo cubrir aquella torcida fe, palpando consigo la soga que sólo un banco atrevió a enfrentar y que su corazón titubeó en aterrorizar.
1998
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario