domingo, 21 de diciembre de 2008

Pequeñeces XI

Detrás de mi jardín, se levanta una planta, que ha soportado tragos amargos y no sabe que está viva. Crueles maltratos tocaron su existencia, desconociendo el arrojo de esos sentimientos. Recibió caricias protectoras de un rayo de sol, pero ignoraba la sensación plena de corresponder.

Recuerda cuando fue plantada, hondo agujero se hizo por ella, hondo como lo aprendido en todos estos años, hondo como la fuerza de mantenerse erguida; su primer chorro de agua fructificó el verde de sus hojas, ese color radiante y maravilloso que no envejece y que la acompaña sin tener obligación.

Sin saber que depende de su mundo para sobrevivir, no espera sabiduría alguna, ni hogar que la mantenga, no voltea hacia mí, tampoco huye, se fija en el cielo pacientemente, mas muy ingenua de la vida es.

Rara, un día caída en el césped, no sintió lástima de sí misma, lo que quería olvidado quedó, y su intención de alzarse ya no se veía.

Recorriendo la soledad de su ser, no había anhelo, ni desprecio, verdad o mentira, pero un deseo palpitaba cerca de mi oído, gritando constantemente permanecer libre en mi jardín.

1998

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