domingo, 9 de noviembre de 2008

Pequeñeces VII

De qué vale el amor si ella no está, se ha ido y nuestra confianza dividida por una espada blanca se obstruye amargamente por este delirio emocional.
Nadie juzgó, mi consternada verdad sufría por su crueldad derrochada en mis entrañas que con cada hoyo se esparce ahora y siempre por las pedradas que alcanzaron a las palomas, reblandecía a lo largo que mi sudor bañaba un caudal patético donde mis fracasos se sembraron pero jamás crecieron.

Fue increíble verla lejos sin correr por alcanzarla, el pozo llenó mi extenso vacío, que de vacío interno no soy nada.

Tragaba finas agujas que se estrepitaban por encerrarse cerca de mi maltratado flujo de alegría diluida.

Sin embargo, seré firme tanto como me azote el dolor, la pena me atraerá y esta bendita añoranza prevalecerá como una gota de rocío escurriendo casi sin tocar la última hoja que no ha caído.

1998

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