Todo terminó como si nada hubiera comenzado, los recuerdos ahora yacen junto al fulminado valor de la verdad, aunque no se había mostrado fuera de los ojos del ser humano. Mereciendo ahora todo el valle como lugar santificado de las miles de voces que como eco resuena al unísono de la amargura e impotencia ante el designio de Dios. Tan dura fue la misericordia acogida, tan negro es el derecho de estar olvidado, nadie sobrepone explicación ni pena, nadie encuentra ahí su dominio.
Desmentir el poder invisible de la tristeza, como onda que arrasa sin destruir pero se perfila para amenazar en la abundante constancia del enfado.
Portentosa suerte que siendo superior al imperio de la desgracia auxilia discretamente como susurro al viento y desciende con sentido de culpabilidad. Se muestra diáfano con la realidad e indistinto con las consecuencias mundanas, siendo sólido como advertencia y raudo en la imponencia.
La admiración flota en el desolado ambiente a gran velocidad y con alevosía apartó la inquietud con una serenidad inmediata.
No hay suplicio, no existe la agonía, no se derraman sufrimientos, ni la muerte rondante, ni una gota de sangre; semejante fuerza escondida de raíz se encuentra esparcida por cada barro manchado de negligencia que se hunde en su propio charco de colectividad.
Estremeció lo que sin llanto había quedado, un grito resonó desde el cielo a la montaña más alta y flamas doradas se elevaron por encima de la espesa capa que cubría el silencio, el afán de resurgir con más fuerza lo llevó a increpar a los muros su obstinencia, a culpar a las nubes su agonía, a rechazar la burla del viento y a conmover a las flores su aliento.
Pronto la frágil sonrisa consumió esa ardiente aspiración, y el suspiro fue inevitable. Melodiosamente se desesperanzó, se redujo ante la iniquidad como por la ignominiosa presencia de la derrota; la tierra, sin moverse si quiera, no lo pudo salvar, entre la lejanía de su insistir y su ceguera de piedra, solamente le permite estar junto a ella.
De esta manera, una plaga fue escogida para el exterminio final, escuchándose irrelevante su llegada como gaviota al mar, siendo parte de la naturaleza que ahora formada está; el caos, escudero fiel que protege al poder oculto, fingiendo ser parte de nosotros para mostrarse cínicamente como el mundo inerte donde se respira polvo. Tan lejos arribaron con malicia atacando salvajemente el brillo inocente que intentaba florecer y un panorama paroxístico aseguraba que la supervivencia merecía la perpetuidad.
De la devastación, quedó la miseria rondante, pero todavía faltaba que llegue a su máximo apogeo, lentamente se levantaron ocho torres apuntando a las virtudes que atentaban su integridad como estructura victoriosa, mas la bravura no les pertenecía y desconsoladamente contemplan al castigo y a la traición que marchan triunfantes sobre el templo erguido.
La resignación les dio más fortaleza y una vez que las sombras anidaron en la hediondez, todo quedó cubierto por los sentimientos desde el más noble hasta el más abyecto, quedando listo para que impere la tristeza, aquel templo se hundió con lo último del valor mientras que una lágrima surcó los suelos negros como riachuelo, sin rumbo a desembocar y sin posibilidad de dejar de existir.
2000
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