lunes, 6 de abril de 2009

Idílicos - Amnesia

El ser tonto ante el amor o con una lámpara encendida, frente a una puerta en pleno aguacero sólo se sentía la ausencia. Dónde han quedado los remordimientos, dónde aseguran mi cariño, que tal vez están dispersos aguardando, será el síndrome de mi inconsciencia, no creo merecerme una lanza ajena a mis latidos sin aclarar las ilusiones que me esconden varios años vividos, que me dan lo que anhelo, que entristecen mi alma y confunden mi pesar. Debería conocer el clamor de mi pecho o ensimismar en la ráfaga de ensueño que me llama cual faro recorre el océano de costa a costa, firme y conciso es el deseo incontenible por descubrir lo que casualmente habita en mí, ya que parece complacer el sinsentido profundo de no resignarme a percibirlo como enigma o un sello infranqueable a mis sentidos. El cálculo puede ser frío pero es real, como crepúsculo que inunda valles con una sombra indiferente a ser detenida o crecer súbitamente, presiento que ignoro un estímulo ardiente como una afección intensa, pero vago fuera del umbral de mis motivaciones y sólo resguardo aquello como un dulce encanto cautivador.
Sin compartir el dolor mas que la extrañeza por saber que no sé mientras continúa floreciendo un vaho en el vacío de mi mente.
Se presagia un abismo, donde el puente colgaba para que la fisura cicatrizara pero todo cae dentro, y si se consiguiera hacer brotar del fondo, una aflicción se tornaría transparente a los ojos de la a inmaculada pureza que como flagelo se habrá extinguido para siempre, aún cuando esa permanencia es errante como el olvido.
Retroceder es una alternativa tentadora, con la advertencia de recaer en el mismo soplo poderoso causante de este delirio que fijos a mi recuerdo me ayudan a palpitar mitos y utopías.
No hay duda que lo que habré perdido se encontrará a salvo de posibles injusticias que se adelantan al infortunio y someten mi búsqueda a la ironía.
Seguramente son esos destellos que se encarnan en mí los que resquebrajan mi existencia y proyectan sentenciosamente un mundo abstracto por el cual anhelo participar para lograr ganar ese hermoso detalle que supe corresponder, que supe atesorar y que supe guardar. Por qué entonces sólo admiro el mausoleo de esa llama extinta como aguardando que una chispa avive el calor que como único vestigio ya no quiero dejar.
Paseo como barquero a la sombra del océano sin advertir mi auténtica obligación, ante la indecisión de remar, la fuerza que sostiene mi intranquilidad es provechosa mientras siga sin anclar en alguna orilla como exento de todo mal.
Realmente me es difícil vaticinar el vuelo de mi incertidumbre, porque presiento que esto ya lo he vivido, que poco a poco me acerca a mí mismo y me aleja del encantamiento al cual accedí acérrimo a mi voluntad impregnado al embrujo sin haber palidecido, pero mi incoherencia afirma que me arrastré como gusano fuera de la manzana en pleno pecado original.
Pues es tentadora la presentación ideal faltante en mí, que no me reconoce sino se envuelve en mi telaraña y que no me previene de la dirección interna. Aparentemente es increíble que de forma inocente se me haya permitido ausentarme en la fugacidad cuando mi retorno no es admitido, sea dulce o hermoso el encuentro remoto que me inundó con ternura; o sea insensato pensar que mi intuición no conseguirá desentrañar ese reservado sentimiento.
Aquel hechizo cayó como golpe, hundido en la ignorancia me socorría el deseo de esperar, que más allá de los estragos que me aíslan, hay alguien que comparte mi dolencia, y que, puede ser, parte de ella.

2000

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